Este FPS está ambientado en un futuro cercano, en un escenario bastante plausible: China sufre una secesión, parecido a lo que pasó con la vieja URSS, y entra en guerra con una coalición, como la OTAN. Tú eres un soldado de esa coalición y tu misión es, bueno… acabar la guerra en prácticamente un día.
Los soldados pueden someterse a operaciones de mejora biomecánicas, como implantes que mejoran sus reflejos, o que les permite hacerse invisibles, o resistir las balas. Tú por supuesto, tendrás los últimos y mejores implantes: visión, ocultación, blindaje…
El juego te permite controlar un montón de armas y siempre hay más de un camino y una forma de pasarte los mapas. El arsenal es impresionante, pistola, carabina, escopeta, rifle de precisión, y al menos 3 tipos de granadas y robots, además de un arma que atrae y empuja objetos y el utilísimo “punzón” que te permite entrar en terminales y “hackear” el comportamiento de por ejemplo, torretas y otros robots. Incluso se pueden controlar vehículos.
Los puntos de salvado son bastante absurdos, porque los han representado como salas con el signo de la coalición, con un pasillo y un terminal informático al final… y están en todas partes, incluso en el vuartel general enemigo. Un sistema de puntos de control hubiera sido mejor, pero es lo que hay.
Los gráficos no están mal para lo que puede dar de si una vieja Xbox, y el diseño de las tropas y de los robots mola bastante.
El doblaje es regulero, como casi siempre, esa voz nasal aparece en un montón de juegos y no sirve más que para bajarle un punto de calidad al producto final.
La historia es muy previsible, es lo típico que se puede esperar de un FPS que sin aportar demasiado, hace un intento por ser diferente: en todos los mapas puedes tomar un camino a lo Rambo, pegando tiros a diestro y siniestro, o a lo Splinter Cell, sin ser detectado. Y sobre todo es corto, muy corto.
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